Hay libros que parecen escritos para nosotros, pero que en realidad no nos conocen. Y luego están libros como «Di santa ragione. Con Frassati in cammino verso l'Alto» (Ave): auténticos, intensos, sinceros. Libros que parecen surgidos de una tarde charlando con los amigos más auténticos, aquellos con los que puedes hablar sin filtros, con la confianza de ser comprendido. Solo que, en este caso, el amigo no es otro que Pier Giorgio Frassati.
Empecé a leer De una santa razón Casi como un reto personal. Estaba en Roma, tenía en mis manos uno de los primeros ejemplares impresos y un fin de semana por delante: quería intentar terminarlo antes de volver a casa. No por prisa, sino para ponerme a prueba. Me preguntaba si aún era capaz de leer un libro "importante" con la misma voracidad que tenía hace unos años, la misma voracidad que tenía de niño y que, últimamente, temía haber perdido. Un libro importante, sí. Porque, seamos sinceros, cuando te ofrecen un libro sobre un santo (aunque se convierta oficialmente en uno en unos meses), esperas algo muy espiritual, quizás profundo, pero distante. Demasiado distante y puro comparado con la vida caótica, frágil y concreta que vivimos a diario.
Un texto fresco y directo
Las páginas de Di santa ragione, sin embargo, ofrecen una atmósfera completamente distinta. Emanuela Gitto, Lorenzo Zardi y Don Michele Martinelli narran las historias de seis jóvenes de nuestro tiempo y las ponen en diálogo con la vida concreta, apasionada y plena de un joven de hace aproximadamente un siglo. Pier Giorgio FrassatiEl resultado es un texto sorprendentemente fresco, directo y extraordinariamente eficaz.
No hay sermones ni modelos inalcanzables, sino experiencias reales, o al menos plausibles, escritas con honestidad y sensibilidad. Las historias hablan de la vida cotidiana: la de un joven que se descubre cansado, fragmentado, lidiando con la ansiedad escénica; la de una joven que afronta la guerra en Ucrania con la valentía y las preguntas que todos llevamos dentro; la de otra que lidia con el dolor y el amor, mientras intenta preparar su boda en medio de la enfermedad de un familiar.
La espiritualidad no es un texto abstracto
Estas son historias en las que la espiritualidad no es un concepto abstracto, sino que cobra forma en la lucha, en las relaciones, en la fragilidad compartida. Y es precisamente ahí donde Pier Giorgio entra de puntillas, nunca como un "ejemplo perfecto", sino como un compañero de escalada. Cada capítulo arroja luz sobre un tema poderoso: el miedo al fracaso, la vocación de servicio, el valor de la fraternidad, el peso de las expectativas, la fe que no ofrece respuestas prefabricadas, sino que acompaña en la duda. Y siempre, en cierto momento, Frassati aparece, con una carta, un gesto, un pensamiento, y arroja luz. Lo hermoso es que lo hace no como un "santo", sino como un niño. Un niño testarudo y brillante, a veces torpe, a menudo impuntual, pero siempre auténtico.
Sus cartas
Sus cartas, citadas con inteligencia y sin retórica, retratan a un joven normal que nunca dejó de buscar el bien, amar la verdad y vivir para los demás sin hacer ruido. Y así, Pier Giorgio, entre un viaje a la montaña y unas risas con amigos, entre un examen universitario y un acto de caridad silencioso, nos recuerda que La santidad no es una cumbre para unos pocos, sino un camino cotidiano para quienes deciden no vivir a medias..
En esta línea, el capítulo final presenta una séptima historia: la nuestra. De una santa razónDe hecho, no pretende dejar al lector con una moraleja. Le deja con un deseo: tomar aire, alzar la mirada y partir (o volver a partir) hacia la Cumbre. Es precisamente aquí donde el título del libro desata toda su fuerza. De una santa razón No es solo un acertado juego de palabras —que hace un guiño a la exuberancia de Pier Giorgio y a esa buena terquedad, típica de quienes no se conforman y quieren llegar al fondo de las cosas—, sino también una declaración de significado. Porque la santidad, la verdadera santidad, nunca es una huida del mundo ni una espiritualidad desencarnada. Es plenamente... razonable:habita la vida concreta, asume las preguntas más incómodas, se mide ante las caídas, se deja atravesar por la complejidad y la transfigura.
Una razón santa, un libro que vale la pena leer
Frassati lo sabía bien. Su fe nunca lo distanció de la realidad: lo sumergió aún más profundamente. Quizás precisamente por eso, siempre logra decir algo con lo que cada uno de nosotros, jóvenes o mayores, puede identificarse. Y así, sí, caminar hacia lo Superior no es perseguir un ideal de perfección, sino elegir cada día orientarnos hacia el bien. Vivir plenamente, con todo nuestro ser: con la cabeza, con el corazón, con la voluntad. Con esa inteligencia obstinada, lúcida y apasionada que es, precisamente, de la santa razón.