por Giuseppe Notarstefano - "¡Vive y no te conformes con sobrevivir! Este lema ha acompañado a muchas generaciones de jóvenes en todo el mundo. Así, Pier Giorgio Frassati acompañó en el camino a innumerables mujeres y hombres que, como él, comprendieron que el Evangelio es la Buena Nueva que da forma hermosa y plena a la vida de cada persona.
El 7 de septiembre, la Iglesia lo proclamará santo, y por ello estamos profundamente agradecidos al Santo Padre León XIV, así como a su predecesor Francisco. Recuerdo que hace unos años, cuando le di una publicación sobre Pier Giorgio de nuestra editorial AVE, respondió de inmediato, agradeciéndola, diciendo: "¡Es amigo de mi papá!". Porque este joven turinés, fallecido a los 24 años en 1925, conmovió el corazón de generaciones enteras como amigo, hermano, compañero de viaje y equilibrista.
Y se sienten cerca de él, no sólo por lo que escribió o dijo, sino por cómo vivió.
No hay nada "desproporcionado" en la vida de Pier Giorgio. Su existencia terrenal y su historia son un maravilloso recordatorio de la vida. Un himno, por usar una imagen agustiniana que nuestro pontífice apreciaría. Una vida transfigurada por una intensidad que la hace sorprendente. Hijo de la clase media alta de Turín —su padre es editor de La Stampa, senador y embajador—, Pier Giorgio no se conforma con privilegios. Asiste a la universidad, ama la montaña, tiene innumerables amigos, experimenta las tensiones de la política, cultiva el arte, la cultura y el deporte. Y en todo esto, busca a Cristo. No como un adorno, sino como el centro viviente y palpitante de su existencia. Lo busca a diario en la oración, lo busca en los rostros de las personas que conoce, con especial dedicación a los más frágiles y marginados.
Su coherencia entre fe y vida es tan luminosa que resulta cautivadora. Cada día comienza con la Eucaristía; cada decisión, incluso la más pequeña, está inspirada por el Evangelio. Y todo esto sin perder jamás la sonrisa.¿Cómo no iba a estar alegre? Le escribió a su hermana. “La tristeza es una enfermedad peor que cualquier otra..
Pier Giorgio es un joven libre, pero con la libertad que solo se obtiene con un profundo sentido de la orientación. No es un rebelde, sino alguien que sabe adónde ir. Y precisamente por eso, también es inquieto, provocador e incansable. Para él, la fe no es defensiva, sino explosiva. No se trata de resistirse a las "sirenas" del mundo, sino de vivir en él con nuevos ojos, con el corazón de quien sabe amar. Por eso, desciende a los suburbios, visita a los pobres y los cuida personal y delicadamente, silenciosa pero perseverantemente. Nadie se percata de su labor oculta hasta que muere, abatido por un repentino ataque de polio. Es entonces cuando Turín toma conciencia de "su" santo: miles de pobres siguen el ataúd, consternados por la pérdida del hombre que fue su amigo, hermano y apoyo.
Pier Giorgio fue una parte vital de la Iglesia de su tiempo: la Acción Católica, la Federación Universitaria Católica Italiana (FUCI), San Vicente de Paúl y la Tercera Orden Dominicana. Nunca buscó cargos ni poder; siempre dedicó tiempo a cultivar relaciones auténticas, haciendo de su vida una hermosa historia de amistades significativas. Su fuerza residía en su estilo, su presencia y la autoridad que emanaba de su testimonio.
Para las muchas personas, especialmente los jóvenes, que hoy luchan por encontrar sentido, Pier Giorgio responde con su silenciosa fuerza de plenitud. No dividió su vida entre Dios y el resto, sino que llevó a Dios a cada rincón de su existencia. Buscó profundamente mantener unidas todas las dimensiones, esferas y experiencias de la vida. Por eso es un compañero para tantos de nosotros: su sonrisa inspira ganas de vivir bien, plenamente, sin concesiones.
Su canonización no es un punto de llegada, sino un relanzamiento. Es como si la Iglesia les dijera a los jóvenes: «Miren, se puede. No están solos. No están locos por quererlo todo. Hay quienes lo han logrado». En un momento en que la autenticidad y la credibilidad del cristianismo se ponen a prueba, Pier Giorgio llega como agua clara y refrescante. No tiene fórmulas abstractas que ofrecer, sino una vida que contar y confrontar.
Una vida corta pero intensa que nos dice esto: la santidad no es una huida del mundo, sino una presencia viva en el mundo y en la historia. Es alegría profunda, es sacrificio silencioso, es amor concreto. Es, simplemente,¡Vivir y no sólo sobrevivir!”.
Artículo publicado el Plaza de San Pedro (Julio 2025), la revista mensual oficial de la Basílica de San Pedro dirigida por el Padre Enzo Fortunato