Pasión por la belleza

Dedicatoria a la biografía de Santa Catalina de Siena, dada a Luciana con motivo de su licenciatura en Derecho en 1923: «Turín 15-VII-1923. A mi buena y querida hermana en el día de su graduación, este libro, para que la guíe en el camino de ascenso hacia la perfección espiritual. Con cariño, tu hermano Pier Giorgio."

Pier Giorgio tiene un alma atenta y sensible, naturalmente inclinada a aprender y profundizar aquello que siente que es verdaderamente importante para su vida y lo que enriquece su humanidad. Por un lado, esto le llevó a apreciar todas las formas de arte: la pintura y la escultura (coleccionaba reproducciones de sus obras más queridas en grandes cuadernos), la música sinfónica y operística (escuchada en salas y teatros), el teatro, la literatura. Por otra parte, le lleva a buscar el conocimiento teológico, para comprender mejor el plan y la historia de Dios entre los hombres. 

La lectura es una dimensión fundamental de la formación humana y cristiana de Pier Giorgio. 

Lee con pasión a Dante y Shakespeare, las tragedias griegas, Virgilio. Luego Foscolo, Manzoni, Marradi, D'Annunzio. Luego Heine, Goethe. Un panorama amplio y variado, que incluye la novela contemporánea. No es una lectura intelectualista; Pier Giorgio se siente enraizado en la humanidad y no distingue pensamiento de acción: sabe realizar una síntesis vital entre ellos. Se siente cercano a quienes le precedieron en la experiencia humana, incluso en la distancia de los siglos, así como a cada persona que encuentra en su vida diaria. 

Es el joven que lee con igual pasión, acrecentada además por la participación en la misma fe, las vidas de los santos, los confesiones de San Agustín, los escritos de Santa Catalina de Siena y de Fray Girolamo Savonarola, los dos grandes dominicos que lo llevarán a la opción de ingresar en la Tercera Orden a los veintiún años. ¿Quién lee las encíclicas papales? ¿Quién realiza la lectura del Suma teológica por Santo Tomás de Aquino. Pero sobre todo, se acerca a la palabra de Dios directamente, sin intermediarios, convirtiéndola en la verdadera fuente principal de la propia espiritualidad. 

Los textos bíblicos preferidos son los de San Pablo: sus cartas, leídas y releídas (incluso en la calle o en el tranvía), meditadas, ponderadas y oradas, se convierten en el compañero privilegiado en el acercamiento a Dios. 

Después de su muerte, muchos hablarán de Pier Giorgio como un joven sabio. O, mejor, de
un joven sabio, que atesoraba lo que Dios quería decirle y revelarle en su Palabra, en los sacramentos, en los hermanos que ponía a su lado.

Te escribo mientras tengo abierto ante mí ese hermoso libro de Santo Tomás de Aquino y cuando leo esos sublimes conceptos, pienso siempre en ti que fuiste el primero en infundirme el deseo de conocer las grandes verdades contenidas en esta obra escrita para exaltar y glorificar la Divina Providencia. 

En estos días en que en la tranquilidad de esta casa nos reunimos para orar, yo también oraré por vosotros, y vosotros orad mucho por mí, para que, si desgraciadamente en la vida terrena debemos permanecer separados por las exigencias de nuestras carreras, al menos el día en que el Señor quiera, nos encontremos juntos en nuestra verdadera Patria para cantar las alabanzas de Dios. 

Carta a Antonio Villani – 26 de marzo de 1923 

 

4 de enero “Año Santo” 

A vuestro regreso encontraréis a Robespierre cambiado; y de hecho me preparé para el Año Santo en Adviento con la lectura de San Agustín, lectura que aún no he terminado, pero de la que he obtenido una alegría inmensa, una felicidad profunda, que hasta ahora por desgracia no había llegado a mi alma. También estoy estudiando literatura: estoy leyendo “Testimonianze” de Papini y luego pasaré a los estudios filosóficos, si encuentro una buena traducción de la obra de Santo Tomás de Aquino. Ya veis, los planes para el Año Santo son grandiosos. Así que creo que encontré la mejor manera de alternar el aburrido estudio de Tecnología Mecánica con lecturas placenteras... Estoy feliz de cerrar mi carrera estudiantil en un año tan lindo. 

Carta a Franz Massetti – 4 de enero de 1925